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"Las enfermedades viven con nosotros soterradas y sin escrúpulos"

Por Bische - 21 de Diciembre, 2008, 19:03, Categoría: General

Se presenta la primera investigación realizada en España sobre la situación de los enfermos de esquizofrenia y sus familias.

FUENTE: UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS. 2008 DIC

[noticias] [10/12/2008]


Tanto los enfermos de esquizofrenia, como sus familiares, se encuentran en una situación social grave, como desvela el primer estudio en profundidad hecho en España sobre la población afectada, “Calidad de vida y esquizofrenia”, realizado en la Comunidad de Madrid por la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE, AMAFE (Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Enfermos con Esquizofrenia) y Obra Social de Caja Madrid. El libro descubre la realidad de los enfermos de esquizofrenia, sus comportamientos, necesidades, carencias en lo laboral, en sus hábitos, en sus experiencias con los profesionales a los que tienen que acudir; en resumen, todo aquello que está relacionado con su enfermedad y con sus familias.

El perfil del enfermo de esquizofrenia madrileño es: varón (73 por ciento), soltero (84), sin hijos (87,5) diagnosticado de esquizofrenia (69), que vive con sus padres (74), con una edad comprendida entre 30-50 años (74), sin estudios universitarios (80) y sin ninguna ocupación profesional (89).

La mayoría de las personas con esquizofrenia están cuidadas por su madre, y subsisten gracias a la pensión de su progenitora. El perfil tipo de los padres es: mujer (67,5 por ciento), casada (65), mayor de 60 años (52), con un familiar enfermo mental (87,8) normalmente su hijo (87), con diagnóstico de esquizofrenia (76,3). El núcleo familiar tiene unos ingresos por debajo de los 1.200 euros al mes, en el 62 por ciento de los casos. Un 19,1 por ciento de estos enfermos no tiene ningún tipo de ingreso ni recibe pensión alguna y casi el 60 por ciento tiene unos ingresos de entre 300 y 600 euros al mes o inferiores.

Uno de los datos más dramáticos que se desprenden del estudio es que el 62,6 por ciento de los familiares reconoce que el enfermo ha tenido, en alguna ocasión, pensamientos de no querer seguir viviendo, y casi un 39 por ciento declara que ha tenido intentos de suicidio.

"Muchos de los sin-techo que nos encontramos son personas con enfermedad mental que, una vez que los padres mueren, se quedan en la calle. Ese es el destino que se anuncia para muchos de ellos", afirma Juan Pedro Núñez, doctor en Psicología, profesor de la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE y Jefe de su Laboratorio de Psicología, uno de los autores de Calidad de vida y esquizofrenia, que se presentará el jueves 11 de diciembre, a las 17.30 horas, en la sede de Obra Social, Plaza del Celenque, 2, segunda planta.

Los otros autores de la investigación son los también doctores en Psicología y profesores de Comillas-ICAI-ICADE Rafael Jódar Anchía y Rufino Meana Peón, SJ, que es además Director de la Unidad de Intervención Psicosocial de la universidad, y María Teresa Ruiz Jiménez, licenciada en Psicología y Directora de AMAFE.

Cuando a principios de los años 80 se comenzó en España una política de desinstitucionalización psiquiátrica con el desmantelamiento de los antiguos "manicomios", los hogares se convirtieron en verdaderos hospitales, donde las familias, sin la formación sanitaria adecuada para atender a sus allegados, sufrieron las consecuencias de la improvisación en el proceso de reforma, que no generó una infraestructura de apoyo adecuada. Esta situación propició un movimiento asociativo de familiares del que nació, en Madrid, el 11 de noviembre de 1989 la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Enfermos con Esquizofrenia (AMAFE), entidad sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, que ha impulsado esta investigación para tratar de averiguar las necesidades de los enfermos y de sus familias, conocer mejor su realidad, poder establecer un primer acercamiento a sus problemas y proponer mejoras en el tratamiento integral de estas personas.

Gracias al esfuerzo conjunto de las 22 asociaciones de familiares de personas con enfermedad mental, se ha podido acceder a una muestra aleatoria de 800 personas (400 familiares y 400 personas con diagnóstico de esquizofrenia) que han participado en la investigación. Con los resultados del estudio la universidad trabaja ahora para diseñar instrumentos de diagnóstico cognitivo de la esquizofrenia que permitan diferenciar características esenciales del trastorno que repercutan, en último término, en un mejor tratamiento y atención.

El libro descubre la realidad de los enfermos de esquizofrenia, sus comportamientos, necesidades, carencias en lo laboral, en sus hábitos, en sus experiencias con los profesionales a los que tienen que acudir; en resumen, todo aquello que está relacionado con su enfermedad y con sus familias.

El perfil del enfermo de esquizofrenia madrileño es: varón (73 por ciento), soltero (84), sin hijos (87,5) diagnosticado de esquizofrenia (69), que vive con sus padres (74), con una edad comprendida entre 30-50 años (74), sin estudios universitarios (80) y sin ninguna ocupación profesional (89).

La mayoría de las personas con esquizofrenia están cuidadas por su madre, y subsisten gracias a la pensión de su progenitora. El perfil tipo de los padres es: mujer (67,5 por ciento), casada (65), mayor de 60 años (52), con un familiar enfermo mental (87,8) normalmente su hijo (87), con diagnóstico de esquizofrenia (76,3). El núcleo familiar tiene unos ingresos por debajo de los 1.200 euros al mes, en el 62 por ciento de los casos. Un 19,1 por ciento de estos enfermos no tiene ningún tipo de ingreso ni recibe pensión alguna y casi el 60 por ciento tiene unos ingresos de entre 300 y 600 euros al mes o inferiores.

Uno de los datos más dramáticos que se desprenden del estudio es que el 62,6 por ciento de los familiares reconoce que el enfermo ha tenido, en alguna ocasión, pensamientos de no querer seguir viviendo, y casi un 39 por ciento declara que ha tenido intentos de suicidio.

"Muchos de los sin-techo que nos encontramos son personas con enfermedad mental que, una vez que los padres mueren, se quedan en la calle. Ese es el destino que se anuncia para muchos de ellos", afirma Juan Pedro Núñez, doctor en Psicología, profesor de la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE y Jefe de su Laboratorio de Psicología, uno de los autores de Calidad de vida y esquizofrenia, que se presentará el jueves 11 de diciembre, a las 17.30 horas, en la sede de Obra Social, Plaza del Celenque, 2, segunda planta.

Los otros autores de la investigación son los también doctores en Psicología y profesores de Comillas-ICAI-ICADE Rafael Jódar Anchía y Rufino Meana Peón, SJ, que es además Director de la Unidad de Intervención Psicosocial de la universidad, y María Teresa Ruiz Jiménez, licenciada en Psicología y Directora de AMAFE.

Cuando a principios de los años 80 se comenzó en España una política de desinstitucionalización psiquiátrica con el desmantelamiento de los antiguos "manicomios", los hogares se convirtieron en verdaderos hospitales, donde las familias, sin la formación sanitaria adecuada para atender a sus allegados, sufrieron las consecuencias de la improvisación en el proceso de reforma, que no generó una infraestructura de apoyo adecuada. Esta situación propició un movimiento asociativo de familiares del que nació, en Madrid, el 11 de noviembre de 1989 la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Enfermos con Esquizofrenia (AMAFE), entidad sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública, que ha impulsado esta investigación para tratar de averiguar las necesidades de los enfermos y de sus familias, conocer mejor su realidad, poder establecer un primer acercamiento a sus problemas y proponer mejoras en el tratamiento integral de estas personas.

Gracias al esfuerzo conjunto de las 22 asociaciones de familiares de personas con enfermedad mental, se ha podido acceder a una muestra aleatoria de 800 personas (400 familiares y 400 personas con diagnóstico de esquizofrenia) que han participado en la investigación. Con los resultados del estudio la universidad trabaja ahora para diseñar instrumentos de diagnóstico cognitivo de la esquizofrenia que permitan diferenciar características esenciales del trastorno que repercutan, en último término, en un mejor tratamiento y atención.

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